Hasta el siglo XIII, la excepcional ensolación de la isla y el suelo arcilloso de las bahías permitieron a los habitantes de Ré excavar con ensañamiento las actuales salinas.
Hoy día y más que nunca, salineros y salineras cosechan el oro blanco con pasión y tenacidad.
Y la flor de sal, con una bonita apariencia cristalina, ¡estará presente en las mejores mesas de aquí y de otros lugares !