Nacido a finales del siglo XVI, debe su gusto tan seductor a una doble destilación y a las excepcionales calidades del terruño que le vio nacer.
En la isla, principalmente, envejece lentamente, a su ritmo, en auténticos toneles de roble… Digestivo sin igual, también hace maravillas cuando se trata de flamear gambas, bogavantes, crepes.
Nació hace 400 años de la torpeza de un pobre viticultor que virtió mosto de uva en una barrica de aguardiente de Coñac.... ¡ Y cuál no fue su acierto !
Gracias a él, podemos degustar esta deliciosa bebida con color de sol y tan perfumada. En la isla se cría en toneles de roble, al fresco y en la oscuridad de las bodegas. ¡ Rey de la buena convivencia, se sirve muy fresco en todas las mesas de Ré que se respetan !